En cosmética, algunos ingredientes acaban convirtiéndose en protagonistas. Aparecen en todas las conversaciones, ocupan las etiquetas y parecen imprescindibles para cuidar la piel. Las ceramidas son uno de ellos.
Tienen una función relevante. Forman parte de los lípidos presentes de manera natural en la capa más superficial de la piel y contribuyen a mantener su barrera protectora. Pero conocer la importancia de una sustancia en la piel no basta para saber qué resultados ofrecerá un cosmético que la contiene. La formulación completa también cuenta.
Para quien desarrolla cosméticos, esa distinción es fundamental.
Qué nos dice el estudio
Un estudio publicado en Skin Pharmacology and Physiology evaluó una crema con ceramida NP en 60 adultos con dermatitis atópica moderada. Los participantes recibieron el tratamiento habitual acompañado de la crema estudiada o de un placebo, con evaluaciones a los 21 y 42 días.
Ambos grupos mejoraron. Y las diferencias entre grupos en los cambios de los indicadores de barrera cutánea no alcanzaron significación estadística. Los autores consideran necesarios estudios más amplios para confirmar su eficacia y su valor clínico a largo plazo.
La lectura requiere cuidado. Este resultado no demuestra que las ceramidas sean inútiles. Tampoco permite afirmar que cualquier crema con ceramidas vaya a ofrecer un beneficio adicional. Se ha evaluado una formulación concreta, en una población concreta y durante un periodo determinado.
Y, por supuesto, este trabajo no compara esa crema con los productos de Método R.
Una buena fórmula necesita criterio
En Método R no incorporamos ceramidas a nuestras fórmulas. Trabajamos con otros ingredientes, como la manteca de karité, la niacinamida, el ácido hialurónico y el pantenol, que encajan con nuestros objetivos de formulación y con la experiencia que tenemos con nuestros productos.
Eso no los convierte automáticamente en mejores que las ceramidas. Aplicamos a nuestras propias elecciones la misma exigencia: la evidencia sobre un ingrediente orienta su uso, pero no demuestra por sí sola la eficacia del producto terminado.
Y esa eficacia no la damos por supuesta. La hemos evaluado en nuestro propio estudio científico, publicado en el Journal of Cosmetic Dermatology (JCD), en el que analizamos el efecto de nuestra fórmula sobre la piel. Es la evidencia del producto terminado, y no solo la de sus ingredientes por separado, la que nos permite respaldar lo que hacemos.
Elegir ingredientes exige valorar cómo se combinan, en qué concentraciones se utilizan, su estabilidad, la tolerancia de la fórmula y la experiencia de uso. Incorporar un ingrediente conocido puede tener sentido cuando aporta una mejora relevante. Su popularidad, por sí sola, no justifica reformular.
Si en el futuro las ceramidas aportan un beneficio que responda a nuestros objetivos y podamos comprobar, valoraremos utilizarlas. La ciencia también exige mantener esa puerta abierta.
La ciencia como criterio de desarrollo
Hay una diferencia entre utilizar la ciencia para vender y utilizarla para desarrollar mejores productos.
Utilizarla para desarrollar exige hacerse preguntas antes de escribir los mensajes de una campaña. ¿Qué necesita la piel? ¿Qué aporta cada ingrediente? ¿Qué sabemos del producto terminado? ¿Hasta dónde llegan los resultados y qué queda por demostrar?
También exige comunicar con precisión. Un estudio sobre un ingrediente no puede presentarse como una prueba de eficacia de cualquier cosmético que lo incluya. Del mismo modo, un estudio sobre una fórmula concreta no permite extrapolar automáticamente sus resultados a todos los productos que compartan alguno de sus ingredientes.
El estudio sobre la ceramida NP nos recuerda que incluso los ingredientes bien conocidos necesitan evaluarse dentro de formulaciones concretas. Nuestro estudio, publicado en el JCD, refleja precisamente ese enfoque: comprobar científicamente qué hace nuestra propia fórmula sobre la piel.
En Método R defendemos una cosmética con criterio dermatológico y una rutina sencilla. Queremos que la complejidad esté en el desarrollo de la fórmula y que tú puedas cuidar tu piel sin dedicarle más tiempo ni más productos de los necesarios.
Esa filosofía también implica elegir con independencia de las tendencias, estudiar nuestros productos y explicar con honestidad lo que sabemos.
La credibilidad científica no consiste en hablar de ingredientes sofisticados, sino en demostrar que lo que hacemos funciona.